sábado, septiembre 5, 2026
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Inauguración de la XV Conferencia Nacional de Maestros por Kim Jong Un (Discurso)

El estimado camarada Kim Jong Un pronunció un discurso en la sesión inaugural
de la XV Conferencia Nacional de Maestros.

Su texto íntegro va como sigue:

Educadores que asisten a esta conferencia significativa con el inusitado orgullo y
honor de forjar el futuro de nuestra patria:

En estos momentos atribuyo gran importancia a las actividades de este evento con
unos sentimientos y una esperanza indudablemente distintos a los que abrigaba
cuando se celebraban otras conferencias o cursillos sectoriales.

a educación es el supremo quehacer estatal que no podemos ni debemos
colocar detrás de la labor de ningún otro sector. Esta es una verdad insospechable
y un principio que mantenemos de manera invariable.

Me complace realmente aprovechar esta ocasión para volver a expresar de forma
directa mi más sincero respeto a ustedes, los bienhechores, quienes contribuyen
al crecimiento de los valiosos descendientes de la patria.

Con ustedes aquí bien cerquita, siento infinita gratitud por ustedes, pensando que
por las manos de numerosos educadores como ustedes se forman hombres
altamente calificados que son el orgullo de la patria y la inteligencia del pueblo, así
como este país se embellece y se fortalece sin interrupción.
Maestros respetables:

Quizás el maestro es la única denominación equiparable con la madre, la más
sagrada y preciosa del mundo.

Ambos son denominaciones más valiosas del mundo.
Si la madre nos da la vida, el maestro es nuestro benefactor que acicala y cultiva
nuestra vida.

Los derechos de la madre no se los confiere nadie, pero el nombramiento del
maestro es el título y el honor que se le otorgan por escoger por voluntad propia el
oficio de cultivar y guiar con sinceridad las nuevas vidas de este territorio y cumplir
con su cometido.

El llamamiento sagrado no se lo conserva nadie, sino que lo deben conservar los
mismos maestros. Por tanto, cuando reparamos en los disímiles sucesos que
guardan en el alma y en las innumerables noches que han pasado en vela en toda
su carrera, inclino la cabeza con toda sinceridad y siento por ellos una gran
admiración.

Se ocupan, además de la enseñanza de conocimientos y la instrucción moral, de
cada detalle del estudio y la vida de los alumnos con diferentes inclinaciones,
caracteres, gustos y ambiente familiar. Sus ocupaciones intensas e interminables
son inmensurables como los esfuerzos de la madre para la crianza del hijo y nadie
puede sustituirlos en esas tareas.

Son nuestros educadores quienes se entregan de lleno a sus discípulos dándoles
el amor que deben dedicar a sus preciosos hijos, familias, padres y hermanos,
garantizan con firmeza el futuro del país y lo consideran como su deber innato y su
misión inherente. Por esa vida, dan el ejemplo del patriotismo más bello y noble en
todos los rincones del país y son objeto de respeto de las multitudes.

Son atentos a las huellas que dejan sus discípulos en distintos puestos de trabajo
y defensa. A veces, derraman lágrimas por la pérdida de algún ex alumno y este
dolor les llega al alma. Por eso peinan canas y sus rostros se arrugan
prematuramente, suscitando más respeto de los demás.

Cada uno de los héroes que dan su valiosa vida en acato a la orden de la patria y
en defensa de su honor, cada uno de los intelectuales sobresalientes que
dignifican a la Corea poderosa y grandiosa en su recorrido por el tortuoso camino
de la investigación y cada uno de los patriotas honestos y beneméritos que con su
honradez inalterable sostienen al país en fábricas, minas y granjas es, sin lugar a
dudas, discípulo de un excelente maestro.

Lamentablemente, cuando un discípulo sube al podio de la gloria, no lo acompaña
su maestro quien lo tiene en su regazo desde que era pequeño y lo guía con todo
amor.

Son pocos quienes preguntan y saben quién es el maestro de ese discípulo y cuán
grande ha sido su mérito.

El maestro todo lo da sin ningún interés y sin pedir nada a cambio. Por
consiguiente, nunca se le ocurre considerar como suya una parte de la hazaña del
discípulo ni tenerla para sí. El solo hecho de que él es su discípulo lo llena de
júbilo y dignidad.

Son precisamente nuestros maestros los bienhechores quienes merecen la
profunda reverencia de todos nosotros y los mejores de todos los patriotas a
quienes debemos situar antes que a nadie sobre las plataformas de todas las
glorias que enaltecemos con tanta emoción.

Tal es el verdadero aspecto de nuestros educadores a quienes todos debemos
reconocer, recordar y venerar más que a nadie.

Aprovechando esta oportunidad, rindo mi más cordial tributo y agradecimiento a
todos los educadores del país quienes han escogido por sí mismos el oficio más
glorioso y difícil y continúan en su sagrada profesión con elevado sentido de
responsabilidad y personalidad.

De igual forma, transmito mi efusivo agradecimiento y aliento a todos los
educadores de la Asociación General de Coreanos en Japón quienes con su
voluntad patriótica inalterable y lucha intransigente en tierras foráneas defienden
los derechos de la enseñanza nacional y garantizan con firmeza el futuro de la
sociedad de compatriotas y de la asociación.

Aprecio altamente a los colectivos e individuos ejemplares que ayudan con toda
sinceridad y empeño el afianzamiento de la base educativa en total apoyo a la
política del Partido sobre la enseñanza.

En estos momentos en el local de la conferencia se perciben los más sinceros
deseos de su éxito que le envían todos los alumnos, los ex alumnos, sus padres y
también todos los hogares del país que mantienen vínculos con los centros
docentes.

Porque confiamos a ustedes la formación de nuestros amados hijos y son ustedes
quienes forjan el mañana de nuestros descendientes que nunca dejarán de nacer
y crecer.

Esta es la decimoquinta edición de la magna cita de maestros y pienso que
ninguna otra fue celebrada con tanta dignidad y orgullo por los valiosos regalos de
nuestros educadores a la patria y por sus éxitos que reconoce el pueblo entero.

En los actuales cambios sin precedentes en la construcción socialista, todos los
sectores se han transformado y renovado. Y el sector educativo ha operado
cambios sin parangón en todo su ámbito que abarca su sistema, estructura,
contenido, métodos, condiciones, entornos y la atención y la asistencia sociales.

Los actuales cambios cualitativos que contrastan obviamente con los del pasado
se han producido no en un espacio de diez o veinte años sino en apenas unos
años, lo cual es ciertamente una gran revolución.

Los protagonistas que han puesto la enseñanza en la altura actual con el preludio
de su transformación colosal para hacer de ella la más avanzada en la época
actual de cara a la civilización son precisamente ustedes, los participantes en este
cónclave, y los educadores de todo el país.

Han sido verdaderamente nobles y hermosos el entusiasmo patriótico, la lealtad a
la misión histórica y los rasgos comunistas que han puesto de manifiesto nuestros
educadores siguiendo la meta y el trayecto de la construcción de la potencia de
enseñanza y de talentos presentados por el Partido del Trabajo de Corea.

Por ser la meta más ambiciosa que enfrentaban desde la fundación del Estado,
unas veces nuestros educadores debían asumir tareas con las que no estaban
familiarizadas y otras veces superar momentos difíciles y agotadores, pero
allanaron el camino y llegaron al presente venciendo dificultades con el
entusiasmo y la disposición a cumplirlas costase lo que costase.

Todos los que aquí están presentes deben de tener anécdotas inolvidables de
aquellos días y estar tan orgullosos de ellas como para considerar el sufrimiento
como felicidad y dignidad.

Son realmente preciosos los rasgos y las cualidades que han cultivado, así como
las experiencias y lecciones que han adquirido, superando momentos difíciles y
complicados, los cuales serán la sólida base de los éxitos de la revolución que
prosigue.

Lo que más anima a nuestro Partido y patria es contar con un contingente de
maestros revolucionarios que poseen el noble espíritu, alto nivel intelectual y firme
confianza en sí mismos.

Compañeros:

La enseñanza es como un puente que a través del espíritu y el conocimiento
conecta el pasado, el presente y el futuro del país y la nación.

En efecto, gracias a la invariable política de aprecio a la enseñanza y el superior
sistema de enseñanza socialista escribimos una historia gloriosa, hacemos gala
del prestigio y poderío nacionales como los de hoy y avanzamos vigorosamente
hacia la mayor prosperidad y fortalecimiento.

Nuestra enseñanza ha formado y enaltecido a un colectivo poderoso, pertrechado
con una ideología revolucionaria y un espíritu patriótico que no se debilitan con el
paso del tiempo, y dotado de la noble moral y amplios conocimientos. Este testigo
debe ser entregado con seguridad a las futuras generaciones.

El futuro de este país lo podemos confiar únicamente a quienes han asimilado la
gran historia y tradición de la patria y el pueblo, alcanzan el alto nivel intelectual y
la civilización que posee la humanidad, abrigan la ambición de fortalecer,
engrandecer y enriquecer al país y cultivan la capacidad y el talento de hacerla
realidad.

Hoy en día nuestra educación transita una etapa clave que requiere de gran
responsabilidad.

Tras cumplir exitosamente el primer programa de la enseñanza obligatoria general
de 12 años, hemos pasado al segundo programa. Y también la enseñanza
superior ha entrado con seguridad en una fase de evolución distinta a la del
pasado.

En la actualidad en que nuestra enseñanza cubre un nuevo camino, podemos
alcanzar la altura que nos hemos propuesto, reaccionando con mayor sensibilidad
en la construcción estatal, solo cuando se planifiquen con vistas al futuro y se
cumplan cabalmente todas las labores relacionadas directamente con el desarrollo
de la educación.

Los esfuerzos certeros para la educación son inversiones al futuro, el peldaño
para el desarrollo ulterior y aseguran el logro de todos nuestros ideales.

Hasta ahora hemos trazado la meta y hemos sentado la base para ponernos entre
los más adelantados en la enseñanza, pero desde ahora debemos perfilar
claramente y con resultados evidentes la fisonomía de la enseñanza más
avanzada y excelente y lograr éxitos infalibles en la revolución educacional de la
nueva época a la que procedimos con decisión en aras del futuro de la patria y la
revolución.

En este sentido, podemos afirmar que hemos convocado muy oportunamente esta
conferencia que analizará y revisará el conjunto de las labores docentes y
abordará los asuntos reales consagrados a promover el nuevo desarrollo
cualitativo de la enseñanza.

Educadores:

Es el ideal y la voluntad de nuestro Partido hacer de la nuestra la enseñanza
suprema que todos envidian y quieren recibir y la de talla mundial que propulsa la
prosperidad de la patria.

El Partido y el Estado han encargado a ustedes, nuestros maestros, un quehacer
importante que decide el futuro del país.
Los educadores son diseñadores y ejecutores del ambicioso proyecto del Estado y
la revolución, y protagonistas de la revolución educacional.

Cuando sean fieles a sus deberes con la conciencia de que el plan de cada
lección y cada minuto y segundo de la clase iluminan el futuro como el faro y
abonan el bosque frondoso de talentos, la revolución educativa de la nueva época
avanzará cada día con mayor vigor.

Las notas de los alumnos se las da el maestro, pero las notas de este se definen
por las huellas que imprimen sus discípulos.

Los pedagogos deben ser jardineros que forman a las jóvenes generaciones como
dignas trabajadoras de la futura patria valiéndose de sus nobles rasgos que
perdurarán como manual de la vida auténtica y de su autoridad académica que
infunde el sincero respeto y simpatía de todos los estudiantes.

Es distinto el tamaño de cada escuela y el número de sus alumnos, pero quienes
se formarán en todos nuestros centros docentes deben ser fieles y hermosos, sin
ninguna excepción, convirtiéndose así en pilares del país y el orgullo de la familia.

Si los educadores atienden y guían a todos los alumnos con el amor de la madre
quien cuida con más devoción y empeño al hijo imperfecto que al perfecto,
entonces podemos despreocuparnos de nuestro futuro.

Compañeros:

No se puede calcular con el dinero el valor de la enseñanza, terreno en que se
cultivan los primerísimos recursos del país y motor del desarrollo estatal.

Vuelvo a ratificar que la docencia es el más importante de los quehaceres
estatales y debemos enaltecer antes que nadie a los educadores.
Son muchísimos los trabajos que se despliegan en amplias extensiones y las
tareas que requieren de colosales esfuerzos, pero nuestro Partido y Estado
propiciarán el avance de la educación sin escatimar esfuerzos y devociones y
sostendrán los planteles que defienden los maestros.

El entusiasmo que desborda en este local y el temperamento de ustedes me arma
de un valor y energía inusitados para impulsar la sagrada obra de la revolución
educativa.

Gracias a los hombres fidedignos como ustedes que se encargan de nuestra
educación, esta perdurará como cuna de la dignidad y el poderío del país y como
caldo de cultivo de nuestro futuro florecimiento y civilización.
Una vez más encomiendo a todos nuestros educadores ser prestos para la
sagrada misión y llamamiento, como objeto del infinito respeto y amor de todo el
pueblo.

Convencido de que la presente conferencia logrará éxitos resonantes tal como
desea fervientemente todo el pueblo, declaro inaugurada la XV Conferencia
Nacional de Maestros.

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